ENTREVISTA PAÍS TENTACIONES

 

Los Estopa continúan paseando su rumba por toda España mientras asimilan su éxito masivo y piensan en canciones de un segundo álbum.

Texto: Javier Losilla

JOSÉ Y DAVID Muñoz (o sea, Estopa) soñaron el éxito en Suma y sigue, una de sus canciones. Soñaron que ganaban un millón apostando en un casino, que se burlaban a una rubia de imposibles pechos y que comían caviar, regado con un Rioja del 67. Y el sueño, contradiciendo a Calderón (Estopa cree más en Galdós), se hizo realidad. Pero los millones no llegaron por el azar de la ruleta, sino por las más de 400.000 copias vendidas de su primer disco, homónimo, y por subirse a un escenario en más de 100 conciertos. Todo eso, en menos de un año. ¿Cumplido el sueño? “Hemos bebido Rioja de 1970, no del 67, pero el caviar no lo probamos. Lo que nos gusta es el lomo con patatas y alioli”. Ahí están José y David, despreocupados, amables y risueños, firmando autógrafos y fotografiándose pacientes con un puñado de fans, mientras esperan la prueba de sonido de uno de los bolos de su interminable gira. “¿El éxito? No hemos tenido tiempo de asimilarlo, pues no paramos de viajar. Es un viaje rumba —que no rumbo— a lo desconocido. Es otro estilo de vida y un cambio de hábitos. Ya no hay rutina en nuestras vidas. Antes, te levantabas, currabas, tomabas un tubo en el bar, ibas con los colegas, jugabas con la consola, y a dormir. Y los fines de semana salías. Ahora no se sabe lo que vas a hacer; cada día es diferente”.

El cuento es conocido: José y David Muñoz (hermanos de 24 y 21 años, respectivamente), de Cornellá, barrio industrial de Barcelona, trabajaban en Movel Lanwherk, empresa que fabrica accesorios para Seat. Mientras cumplían horario, pensaban canciones, que más tarde pasaron a una maqueta. Un día, un amigo de la novia de David, que tenía un primo en una editorial, envió a éste la cinta. La editorial se la pasó a BMG y… a grabar. Un álbum. El primero, el del éxito, el de esa falda con raja que ha levantado más pasiones que el vestido al viento de Marilyn.

“¿Que si nos ha cambiado el éxito? Teníamos una manera de ser y seguimos manteniéndola. Por lo menos lo intentamos. Todo cambia a tu alrededor y tú cambias con eso. Pero sabemos lo que no tenemos que hacer. Hay ejemplos a no seguir, y ejemplos que te pueden ayudar, musicalmente hablando, como Peret, Sabina o Manolo García. Peret es increíble. Tiene 65 años, canta que te mueres y te mira a los ojos cuando habla contigo. Tenemos claro que, mariconadas, las precisas. Se trata de que el personaje no se coma al cantante. A veces eso se olvida, y te encuentras con gente que son como dioses”.

En Huesca, no hace mucho, durante un concierto, tras presentar a la persona que cuida de las guitarras, Estopa soltó al auditorio: “Los currantes molan, los que no son currantes no molan. Conciencia de clase; qué le vamos a hacer”. ¿No se relaja la conciencia cuando la cuenta corriente crece? “Tenemos más cosas de las que hablar con la gente normal. No hay diferencias entre tener o no tener dinero. Hay que estar con lo que valoras y saber distinguir entre lo que está bien y lo que está mal. Así seguimos pensando, aunque no sabemos cómo nos saldrá la jugada. Hemos sido currantes toda nuestra vida, y preferimos un bar de menú a un bar elegante”. Rumba del proletariado, dijo alguien del trabajo de Estopa, para quien la rumba sólo es una parte de su música (“todo el mundo tiene algo de rumbero, de calorro; pero el calorro no es un garrulo”). ¿De acuerdo con la definición? “Suponemos que lo dicen porque es música hecha por alguien que ha sido proletario. Pero lo que queremos transmitir es alegría y buen rollo. La música es para disfrutar. No nos gusta aprovecharnos de los males de la humanidad para hacer música y vender. Lo nuestro es realismo, como lo de Galdós: decir las cosas que pasan en los sitios que estamos”.

LO QUE MOLA, Y LO QUE NO

Inmersos en la vorágine de una gira que nunca termina, José y David dicen no tener tiempo para salir con los amigos (“no sabemos qué música ponen en los bares”), aunque agradecen que su nuevo trabajo no les obligue a levantarse a las cinco de la madrugada, como cuando estaban en Movel: “Preferimos esto a la fábrica. Antes currabas todo el día y no tenías un duro; ahora, trabajas y ganas pasta”. O sea, el negocio el duro, pero no tanto. “Lo que más nos gusta de esto es que parezca que todo sea tan fácil: haces una maqueta, pillas unos músicos y grabas un disco. Lo que mola es cantar. Y lo que no mola es el play back. Pero hay algo más ridículo que esto: los ensayos de un play back”.

Hay más cosas que no molan para estos currantes trastocados en artistas: “La pérdida de la intimidad. Ya no podemos tomarnos una copa en un bar. Y en la puerta de casa siempre hay un grupo de chicas. Somos gente normal. Y hacemos lo posible por no perder esa normalidad. Por eso no queremos salir en Super Pop ni vamos al programa de María Teresa Campos. Pasamos de petardeo”. Por cierto: ¿hay vida después de la rajada falda? “Si te refieres a qué vamos a hacer ahora, la intención es terminar la gira y componer para el nuevo disco, aunque ya tenemos muchas canciones. ¿Por dónde va a ir? No sabemos, pero estará hecho con el mismo criterio que el primero”. Y remarcan la conocida frase: “Rumba a lo desconocido”.

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